10.12.09

Bué (2)

Sigue grave el joven al que unos amigos le introdujeron aire a presión por el ano

Al menor le extirparon el bazo y los intestinos y ya fue operado de peritonitis.


Una broma siniestra tiene a un joven de 16 años entre la vida y la muerte en un hospital de Jaén, en España. El menor se encontraba con unos amigos en el taller del padre de uno de ellos cuando, por causas que no han trascendido y que investiga la Guardia Civil, uno de ellos le introdujo aire comprimido por el ano.
El resultado fue que a la víctima se le ha tenido que extirpar el bazo y parte de los intestinos y tiene afectados otros órganos como el hígado y los riñones, por lo que ayer mismo se le empezó a suministrar tratamiento de diálisis. Cinco días después de ser ingresado en el hospital jiennense, el joven se encontra estable aunque su estado sigue siendo muy grave.Así lo informa hoy El País en su edición digital.
La macabra acción de cuatro adolescentes tiene consternada a la localidad de Valdepeñas, en la Sierra Sur jiennense, donde el pasado viernes sucedieron los hechos. Cuatro amigos se reunieron en el taller del padre de uno de ellos, pero el encuentro acabó precipitadamente cuando uno de ellos recibió aire comprimido en el ano con un compresor similar al utilizado para inflar la rueda de los camiones. La Guardia Civil, que ha abierto una investigación, trabaja con la hipótesis de que hay un responsable de los hechos y otros dos testigos. Sin embargo, aún no se han practicado detenciones.
La víctima fue trasladada de urgencia hasta el hospital Médico-Quirúrgico de Jaén, donde fue intervenida nada más llegar de peritonitis. Sus padres, Gabriel y María Antonia, admitieron ayer a las puertas del hospital sentirse desolados y no encontraban una explicación que justifique semejante broma. "Dicen que fue jugando, pero vaya juego, eso es más que una broma", comentó el padre. Ya han anunciado que emprenderán acciones judiciales para depurar responsabilidades, aunque las familias de los menores que protagonizaron los hechos mantienen buenas relaciones e incluso han visitado a los padres de la víctima en el hospital.

9.12.09

Bué

Nueva tragedia enluta a la familia de la peregrina arrollada

Murió el nieto de 5 años de la víctima, al ser embestido frente a la sala velatoria de la mujer que había sido atropellada ayer camino a Concepción El Tío. Uno de los heridos de ayer sigue grave.

Un nene de cinco años, nieto de la peregrina que ayer falleció al ser arrollada camino al santuario de la Virgen de la Inmaculada Concepción de Concepción del Tío, falleció atropellado frente a la sala velatoria donde se despedía a la mujer.
Ocurrió en Colonia San Bartolomé, 168 kilómetros al este de la ciudad de Córdoba, de donde era oriunda Marta Ofelia Bosolino (58), embestida ayer a la madrugada por una moto junto a otros promesantes sobre ruta provincial 3, unos 3 kilómetros al norte de la localidad El Tío.
En el acto. El comisario mayor Nelson Carrizo confirmó a LAVOZ.com.ar que el niño es nieto de Bosolino y dijo que fue embestido por una camioneta Ford Ranger alrededor de las 19 de ayer, cuando el pequeño "cruzó la calle saliendo de entre los autos que estaban en el sector de la sala velatoria".
El pequeño fue identificado como Juan Leonel Arcos y según la Policía falleció en el acto.
Juan Magni, jefe comunal de Colonia San Bartolomé, dijo que "había varios autos y mucha gente afuera, no creo que (la camioneta) haya venido fuerte".
"Fue frente a la sala velatoria y en el medio de la calle", dijo el funcionario a las radios .

Peregrina. El siniestro en el que había muerto la abuela de Leonel ocurrió alrededor de las 3.30 de ayer cuando Ofelia peregrinaba por la banquina de la ruta en dirección a Villa Concepción del Tío, donde está el santuario en el que se realiza la festividad del 8 de diciembre de la Inmaculada Concepción.
Al parecer, algunos peregrinos invadieron la ruta cuando pasó una moto en la que iban dos jóvenes de 26 y 22 años.
El rodado, una Honda CBX 250, rozó a uno de los peatones y el conductor perdió el control de la moto, que salió disparada en dirección a la banquina, donde arrolló a Bosolino y a otros dos hombres.

Herido grave. El conductor de la moto, Santiago Maximiliano Flores (26), está internado en la terapia intensiva del Hospital Córdoba de la Capital, con pronóstico reservado.
Es un paciente complicado pero está estable, el pronóstico reservado es por ahora. Las lesiones más graves son el tórax, porque tiene afectado los pulmones", dijo a LAVOZ.com.ar Carlos Simon, director del establecimiento médico.

28.11.09

El paseo

madre me llevaba de la mano
por el terraplén oscuro

decía:
esa es la bomba de agua
el perro amarillo, ése, no lobo,
ahí las parvas
más allá el pajonal de la cluecas
decía
nunca a tu edad,
vi estas cosas

llegábamos hasta la capilla de los garzón
a ver
los altos vitrales del cristo
de la buena muerte
el áspero cuero de las iguanas
la ruta, siempre lejos

a la vuelta me daba
el pan de la tarde, cantando
los salmos preferidos
y una tristeza hermosa me cerraba la garganta
o quizá el polvo del camino
o dios, que entonces era
un potro negro
que despertaba el miedo


(Poema de Elena Anníbali, de su libro tabaco mariposa, Caballo Negro Editora, Córdoba, 2009)

6.11.09

La voz de un cartógrafo

Estas palabras que siguen son del escritor riocuartense Pablo Dema, a partir de la lectura de Hadrones. Las pongo acá para agradecerle profundamente la alegría que me hizo sentir con sus comentarios. En el espacio que Dema mantiene junto a José Di Marco se pueden encontrar otros ejemplos de la seriedad y el talento que demuestran al escribir críticas. Y ni que hablar de la narrativa y la poesía que producen respectivamente.



A veces me canso de mí mismo, de la autoreferencialidad. Quería decir una palabra sobre este libro y compartirla, pero tengo que excusarme, volver a mencionar que este blog era para ir comentando los libros leídos que valen la pena y que casi nunca escribo porque me exijo demasiado, porque quiero ser completamente exhaustivo, porque le temo al ridículo, a la informalidad, a no estar a la altura. Pero no puedo releer cuatro veces cada libro y pasa el tiempo y no escribo sobre nada y es peor. Así que esta noche que estoy solo y nadie nos ve, Diego, dejame que te diga una palabra sobre Hadrones, un comentario como el que te haría si estuviéramos tomando este vinito juntos, como lo haría si viviéramos en la misma ciudad y te pasaras por casa para decir: “hola puto, perdió Boca, apagá la compu, poné música o prendé un poco la tele y dejá de hacerte el serio”. Me haría bien un poco de compañía esta noche, tuve un día difícil, todo la tarde pensando en la maldita palabra alquiler. Por suerte estuvo tu libro para salvarme el día.

Ahí vamos:

Son cinco relatos, el último, el que le da título al volumen, es el más extenso (cuarenta páginas). Hay cosas mejores que otras y el último relato sin dudas justifica por sí solo el libro. Pero hay que apuntar que para mí no es un libro desparejo ni rellenado con algún texto que engrosa el volumen pero que es innecesario. Muy por el contrario, los cinco funcionan como trazos imprescindibles para delinear una poética sólida. Poética significa: un programa estético definido, una serie de pautas que un artista se da para darle forma a sus creaciones: serie de principios, moral de la forma, cosas que se hacen y cosas que no se hacen siempre: una marca: una voz propia: un mundo propio. Alguien que escribe es un escritor cuando sabe lo que hace y asume los riesgos, cuando establece un tipo de relación con la lengua y no se aparta de ese vínculo que lo define. Me parece que ese vínculo es originario o primordial, que es un modo de entrar en escritura que afecta al que escribe casi como una marca de carácter. El escritor Vigna es así, o hace esto: habla sobre este mundo, sobre su mundo que es el nuestro. No hay recreación de contextos anteriores, no hay proyecciones de mundos futuros, no hay una realidad atravesada por elementos sacados de cuentos de Lovecraf ni de novelas de King en las que es difícil creer. Estamos acá y ahora: un tipo llega al aeropuerto de Córdoba, otro mira un accidente desde la ventana, un chico pasa unos días en la casa de un amiguito y atisba el cuerpo de la mamá del otro porque el cuerpo de la mujer todavía es un enigma, un oficinista enamorado de una compañera de trabajo que tiene un celular como el que a todos hoy nos maravilla, un muchacho que pasa un fin de semana con su padre en las sierras hace unos días nomás, cuando los europeos pusieron a funcionar el Gran Colisionador de Hadrones para que aparezca la “partícula de Dios”. Todo esto liga en principio esta poética con el realismo, que siempre es una estética que ausculta el latido de un mundo viviente y todavía no disecado por la teoría. He visto citado un concepto de Raymond Williams que es la “estructura de sentimiento”, vale decir, un saber que tienen los sujetos que experimentan un mundo que todavía no está codificado por la ciencia. Tal vez sirva para pensar esta poética esa idea, una literatura que quiere comprender el mundo en el que estamos a través de la percepción de unos sujetos para nada arquetípicos ni excepcionales. La idea de sentimiento nos viene bien y a ella se aviene la principal decisión narrativa de Vigna: el narrar desde una perspectiva que sabe siempre guardar una distancia justa, que no se lanza jamás a teorizar ni a interpretar la realidad es percibida como la perciben los sujetos más allá de que se opte por un narrador que participa de las acciones (“El sueño de Monk”, “La mitad de ella”, “Hadrones”) o que narra desde fuera (“Una pequeña sonrisa de colores”, “Pis”). La cantidad de información sobre el mundo narrado es la clave del efecto de estos relatos. Contar sin explicar, mostrar sin interpretar. Por eso no importan las tramas si no lo climas, las atmósferas creadas, la tensión que se establece entre personajes (entre personas) que tratan de relacionarse sin lastimarse demasiado, que tratan de llevar a cabo el milagro de la convivencia sin enloquecer ni asesinarse unos a otros. Todo lo que la literatura trivial da por hecho, aquí es puesto en tela de juicio desde el comienzo. Aquí no se narra la historia de una pareja que va a tener un hijo ni la de dos amigos que van a vivir una aventura, tampoco se cuenta la historia de una pareja que comienza ni la de otra que ya está consolidada ni la de un padre y un hijo que pasan (tal vez) sus últimos días juntos. Lo que se hace es descubrir que esos vínculos humanos no se dan sino como anomalías, como una serie interminable de fricciones lacerantes en las que destella excepcionalmente la posibilidad de un encuentro. Visto de cerca, reza un dicho popular, nadie es normal. La normalidad que da por sentada cierta literatura que tiende al estereotipo acá es desenmascarada por personajes que, cuando nadie los ve, parecen freaks o pervertidos o desequilibrados, y, al salirse de la normalidad, paradójicamente, se parecen a cada uno de nosotros. Hay mucha ropa interior en estos relatos, de hecho uno puede ir del camisón de la escena en la que Ingrid se desviste para dormir o del calzoncillo de Jani que se ducha antes de la fiesta en “Una pequeña sonrisa de colores” a la bombacha que se quita la chica de “El sueño de Monk” y al calzoncillo de su novio, pasando por el calzoncillito de Franco y la bombacha que encuentra escondida en el fondo de la pileta vacía en “Pis” hasta los breteles del corpiño de Silvina en “La mitad de ella” para llegar a la situación en la que Alfonso huele la bombacha de Apollina o mira la de Beatriz en “Hadrones”. Lo que puede parecer una coincidencia o un detalle trivial se revela al cabo como el resultado de una decisión estética: mostrar a los personajes en la intimidad, enfocarlos de cerca, sin soslayar su curiosidad básica por el sexo del otro y sin dejar de enseñarnos su precariedad, su despojamiento material que es también un índice de su indefensión humana. Estos personajes están solos y desnudos en la oscuridad, olfateando los restos de otros seres humanos con la desesperación de animales; son freaks, es decir, gente común y corriente en un mundo que está peligro y a punto de desaparecer, igual que todos nosotros.

Pablo Dema
http://www.pergaminovirtual.com/blogs/2cartografos/

3.11.09

"La literatura es una lucha contra el escepticismo"



JQ: ¿Qué cambió desde tu primer libro Los días del padre, a este segundo libro Certificado de convivencia?

SG: Nada. No cambió nada. Sigo preocupado por los dos o tres temas que me interesan y me llevan a escribir: por qué la gente quiere o no a alguien; cómo hace la gente para levantarse a la mañana y no quedarse todo el día en la cama; cómo hace la gente para pasar la noche. (...)