Pablo Ramos, autor de grandes libros, entre los que elijo Cuando lo peor haya pasado y El origen de la tristeza, vive en La Paternal y está haciendo una película sin edición, sin efectos ni promoción, con su celular. La película versa sobre un bar del que es "habitué" (para recordar esa bella palabra que decíamos cuando chicos): Pito 4. No lo conozco, pero voy a tratar de ir cuando vaya para allá. Dejo acá una escena de la película, colgada como adelanto. Se titula "Obsesionado por el arte roquero", tal como escribió Ramos en su blog: el protagonista es Pato y su musa el Carpo, héroe de Paternal.
8.6.12
6.6.12
2.6.12
Parte
Estoy con mucho trabajo. No vengo a pelotudear acá por eso mismo. Hay varias cosas que me gustaría escribir, quizás alguna después aparezca: todavía no conecté el calefactor a la pared, hace poco que tengo nueva casa. Esto puede llegar a convertirse en un problema, si llegara a acechar una nueva ola polar. Sí arreglé el calefón, eso es un verdadero alivio. He podido bañarme en paz, sin tener que salir cagando de la ducha porque se pone fría. Ha llegado, también, hace un tiempo, el timbre para la bicicleta que compré directamente a China, gracias al consejo de mi amigo Pitbull Andrada. Llegó intacto. Un dólar con noventa. Tiene detalles de terminación naturales, propios de los productos chinescos, pero anda. Tiene, debo decirlo, un sonido bastante opaco. Chino también, el sonido. Pero anda. Llegó en un sobre al trabajo. El sobre tenía estampillas y anotaciones en chino. La secretaria de la oficina, Celeste, me escribió un mail para que me acercara a su escritorio porque había llegado "un paquete sospechoso". Sí, un timbre, le dije. En ese momento se le iluminaron los ojos. Ella es una suerte de compradora bola de nieve: compra lo que los otros se compran, en una cadena que parece no terminar jamás. Por ejemplo: entré una mañana a la oficina y le dije que tenía una juguera nueva. Celeste tardó menos de quince días en encontrar una juguera idéntica, a menos de la mitad de lo que vale. La compró, me dijo que hizo un jugo y después ya no supo más que hacer. Entonces volví a entrar, tiempo después, para decirle que me había comprado una bicicleta plegable. Ahora espero novedades. El gran Marcelo Barchi estuvo surfeando en Brasil, y trajo una nueva técnica de copiado de fotografías. Es maravillosa. Hemos renovado el laboratorio de fotos, con esta nueva información. Cada vez sale mejor la cosa. Estamos sacando buenas fotos, y además estamos adquiriendo una muñeca interesante para copiarlas. Acá mismo estoy levantando la vista y mirando la última que hice, con al nueva técnica. Creo que podría integrar algún libro de fotos del mundo, no se cuál, uno tranca, medio pelo, pero podría estar ahí. Hay mucho por hacer. Marcelo volvió a pintar, e intuyo que para la segunda mitad del año se va a despachar con algo groso. También intuyo que para la segunda mitad del año podré terminar los escritos que tengo empezados. Por ahora, sólo trabajo y para despejar, fulbo y laboratorio. Estoy muy ansioso, casi no he registrado esta primera mitad del año, pero estoy bien igual. Estuve en Chile. Flasheé con Valparaíso. Qué ciudad preciosa, decadente, empinada. Una verdadera maravilla. Volveré, a estar y a sacar fotos. Saqué un par que se defienden. Perdí otras, por no estar atento arriba del auto: por ejemplo: una ventana de una casa. La ventana bastante ajada. Detrás, formando parte de una mitad de reflejo de otra cosa, un hombre en cueros, con una toalla chica colgando de un hombro, se afeita usando esos reflejos de la ventana como espejo. Delante, en el fragmento de tierra entre la vereda y la casa, un pequeño mástil: sí, un mástil pequeño, con una bandera chilena izada. Todo eso hubiese formado parte del encuadre. Y cuando lo vi, el gesto era la fotografía: esa es una de las maravillas de sacar fotos, cuando uno, ya medio acostumbrado a mirar, encuentra la fotografía naciendo en el gesto, y recién después naciendo en el encuadre. Esas, por el niño Messi, esas son las fotos que quedan para siempre, las atemporales, las que darán que hablar. El gesto del hombre era así: la cabeza un poco inclinada hacia atrás, pero no por el hecho de inclinarse él, sino por el hecho de haber estirado el cuello. ¿Se entiende? Las comisuras caídas, para estirar los cachetes. Y una mano ayudando a estirar todo, haciendo presión desde la pera, y la otra con la Track haciendo lo suyo. Perdí esa foto. Algo, sin embargo, me tranquiliza: la memoria. Ahora escribo esa foto y la estoy mirando. Pero la memoria durará menos que la estampa, si hubiera logrado gatillar. Algo, sin embargo, me tranquiliza: cuando pasa eso, quiere decir que la pulsión se ensancha. Hay tantas otras fotos ahí, esperando en el aire. Tantas como minutos restan.
Pronto intentaré escanear las fotos en blanco y negro para mostrarlas en el Flickr. Una de las que sí saqué, tiene un valor especial, que desarrollaré luego, cuando afloje un poco el laburo. En una de esas fotos estoy posando al lado de Pedro Lemebel. Ésa la sacó mi viejo. Estuvimos con Lemebel, en su casa, charlando un rato. Una semana antes de que lo operaran de su cáncer de laringe. Pero esto es importante, prefiero contarlo después.
Finalmente, una idea: se me apareció una idea. Tiene que ver con el laboratorio de fotos, también. Y es para practicarla y luego para escribirla. No pienso contarlo acá, porque de contarlo estaría abandonando esta conducta infantil y narcisista que implica decir "tengo una idea" y no decir más que eso. Esto es un parte, un monólogo gil, un nuevo post para este diario éxtimo que llevo a cabo desde hace tanto tiempo. Diario éxtimo. Qué bella palabra, googléenla. Googléenla. Cuando estén en medio de esa búsqueda, podrán escribir algo mejor en el Facebook, o en el Twitter: googleándola. Googleándola. Facebook y Twitter, reinos de los gerundios. Si la gilada supiera todo todo todo lo que ha aprendido escribiendo, en sus "estados", en: "lo que está pensando", tantos gerundios. Es tan perfecto, hostil y escurridizo el gerundio que se te mete como una sanguijuela en la mucosa: fíjense recién: "escribiendo", escribí, en medio de la burla. Facebook y Twitter: fábricas de gerundios. Estado de Rodrigo: "estudiando". Tuit de Gabi: "comiendo con las chicas". Estado de Nancy: "sacando los restos de comida del resumidero". Tuit de Blas: "cosiendo los agujeros de las medias". Estado de Tavo: "atando la bolsa de basura ya para sacarla". Tuit de Nilda: "raspando la asadera". Estado de Pitufina: "soplando la termocupla de mi Orbis". Tuit de Sanfilippo: "calentando la cera".
Fin de espacio publicitario.
23.5.12
20.5.12
16.5.12
14.5.12
Viva el mundo
Hoy llegó Matilde, por fin la reputa madre. Llegó Matilde. ¡Llegó Matilde! Matilde Boero Etcheverry, hija de mi hermano Chicho y de su mujer, Eugenia, llegó esta mañana al mundo, este mundo de Lanatas vestidos con sacos de pana. Lanata, gilazo, todos los demás: gilazos. Viva el mundo, giles. Ustedes fumen en cámara. Y Vicente crece: Vicente Fabra Cortona, hijo de mi queridísima Eugenia y de su compañero Guille, sigue creciendo like a champ, un verdadero campeón de la tranquilidad era cuando lo cargué, hace ya unos meses, así que ahora debe estar rompiendo los huevos como nadie. Miren ese rostro sino: demoníaco y feliz, peligroso y tierno, Vicente el grande, Vicente que salió gringo como la madre, observador como el padre. La única salvedad que tendrá, ya no lo es para mí. Vicente, si sigue el mandato, será hincha de Independiente. No me importa. Querré a Independiente con tal de quererlo a él. Siento alegría y emoción hoy, hay sol en Alto Alberdi, esta casa sigue vacía pero en calma, el lavarropas acaba de terminar su centrifugado y en este preciso momento retorna el silencio. ¡Pero qué silencio! ¡El mejor de todos! Hace un rato nomás llamó Chicho, Todo salió perfecto. Vio la salida de Matilde, una nueva niña en este mundo, y qué niña la puta madre: Matilde. Matilde la primera, Matilde the first one, entre nosotros, el Chicho, Nicolai y quien respira hondo aquí, la primera. Miren ese rostro, calentita como una tira de pan recién hecha. Miren a Matilde, la hija de Chicho y Eugenia. Por lo pronto, la nariz: de la madre. El quiebre debajo de la nariz: de la madre, intuyo: habrá que ver con el paso de los días. Las entradas: del padre. Habrá que ver: el paso de los días volverá a dejarlo solo en ésa, Matilde tendrá mucho pelo en la frente y sólo quedaré yo para acompañar al Chicho en el lento pero insaciable proceso de quedarse pelado. Miren a Matilde y a Vicente. Ya están creciendo. Los quiero mucho. Ya crecen, fíjense. Viva el mundo, hijos de puta. Hijos de puta: viva el mundo.
Lanatesco
Hace un tiempito escribí un post que se llamó "Lanata, el pateta". Ayer hubo otro programa. Otro programa. Se abrió un telón y apareció una tribuna de periodistas con pancartas, pidiendo al unísono por una consigna concreta: "queremos preguntar". (Precioso el equívoco, realmente, porque preguntar preguntan, todo el tiempo, a la mañana en la radio y en los diarios, a la tarde en la radio, a la noche en la tele. Preguntan, y ensayan, e inventan, y vuelven a preguntar. Lo que pasa es que no les responden.)
El Pateta dijo que habían invitado a periodistas de todos los medios, que algunos adherían pero pedían no ser sindicados, para evitar represalias. Lo que no terminó de explicar bien fue la designación de los rostros que ocupaban LA PRIMERA FILA de esa tribuna de éticos. Las pancartas tampoco tuvieron desperdicio: "No al paraperonismo", decía una. "No al escrache de periodistas no oficialistas", decía otra en medio de (uy) un escrache. "Libertad de acceso a la información", decía otra. Hasta Magdalena Ruiz Guiñazú, obviamente en primera fila, tenía una pancarta en mano. El patetismo, como término, evidentemente, es elástico como un estómago, como un globo. Siempre entra un poco más.
El sketch terminó con la voz de El Pateta.
"Esto es periodismo, sólo queremos preguntar", dijo.
"Yo sólo hago pop", decía Micky Vainilla en Peter Capusotto y sus videos.
8.5.12
5.5.12
22 de mayo, Las ostras
22 de mayo, 19:30 horas, en Cocina de culturas, Julio Argentino Roca 491 de la ciudad de Córdoba. Las ostras, nueva novela de mi amigo Martín Cristal. Presenta otro gran amigo, Pablo Dema. Creo que hay que ir, es un lindo lugar, linda gente, linda literatura, qué más se quiere. Servirán ostras a cada persona que compre el libro. Salud, carabineros del infierno
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