27.11.07

De rojos

Hay una vida que nunca viví en Buenos Aires
una imagen desdoblada que persiste en alguna esquina
que crece a la par de lo que soy, cumpliendo estos mismos años:
ella, envejeciendo de urbe sin mí; yo, agotándome en preguntas
sobre cómo me hubiese crecido la piel en el olor del cemento
hay una vida que nunca viví en Buenos Aires y que se encarga
de hacérmelo saber, cada vez que me encuentro en otro cuerpo
cada vez que marco con mi dedos el ritmo de otra respiración
cuando me deja latiendo, en la parte transpirada de las manos
el color de otras miradas que cruzo por milésimas de segundo
y que ojalá, y ahora que he vuelto lo digo en serio
ojalá fueran tan quietas, tan leves, tan pardas como parecen

Buenos Aires me agarra de cada brazo, como mis hermanos
y ella sola me muestra otros tonos, un pedazo de su vida
que hace de todos los objetos un fundido de múltiples rojos
avenidas que le continúan la frágil depresión de la espalda
taxis y coupés que le ocultan los pies en sus sandalias
infinitas voces que le dan de bailar, le cubren los hombros con flores
brillos que le recortan el flequillo, letras negras que le tapan
a oscuras, los rincones más sencillos del alma
le ofrezco mi cerveza, a esa ciudad dispersa
y miro hacia atrás, desde donde escucho el tren
para que pronto quizás vuelva, ella a mí y yo a ella
tal como dejé dicho en el andén, antes de dormirme

4 comentarios:

Jaramillo dijo...

Qué linda, la ciudad, qué hermosa. Así descripta, hasta dan ganas de encamarse esta misma noche.

El Pastor dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anita dijo...

Yo canto pri!

Anónimo dijo...

BUENOOOOOOOOOOO!!!!!!!
Nico