19.11.11

Las percas

(Para María Ayelén, Nahuel, Nicolás y el sobrino que está viniendo)


Supimos hamacarnos con los soles
repiqueteándonos las caras.
Colgábamos de las cornisas de arcilla
frente al agua fresca de los fósiles.
Registrábamos las plantas de los pies
del tiempo,
pisando el espejo del lago sin hundirnos
(como si un dinosaurio de finas pezuñas
obviara la gravedad.)
Y hablábamos de las dependencias,
aprendíamos a forzar la idea
de que lo único imprescindible,
a la larga, es el yo convertido en un sostén
que multiplica siempre por tres.

Vino después el bautismo de la tragedia,
un reflejo insólito de aceptación.
Fuimos creyendo sin romper la cadencia
que el dolor regurgita y de a poco
muere, con la insistencia de la vida.
Crecimos en seco y hoy, lo que trasciende,
está húmedo.

En el barrio los postigos seguirán chocando
por los vientos de septiembre.

Era verdad que atrás viene gente.
Somos reproductores.
Algo salió bien entre tanto tanteo,
es éste el comienzo de lo tuvimos que callar
frente al perfil primitivo de la estepa,
mientras estudiábamos la suspensión del silencio
sobre la primera capa de agua,
sólo unos metros por encima de los pejerreyes
y las percas.

2 comentarios:

Cecita la pistolera dijo...

Abundante belleza tenés adentro!para sacarla a pasear.
Gracias, te quiero, te lo digo acá adelante de todos muuuua

Elisa dijo...

arveja es como eureka!